Por: Lusbeyri Angélica Rey González

Derek Baxter

En el marco del Foro Internacional “Después del 19S, ¿Cómo construir una mejor ciudad?” tuvimos la oportunidad de platicar con Derek Baxter, del Ayuntamiento de la ciudad de Wellington, Nueva Zelandia.

Durante su entrevista, en la cual nos presenta una visión tanto profesional como humana, podemos ver que su labor pertenece a la de un gran equipo a nivel global que día a día trabaja para que urbes como Wellington y Ciudad de México sean más resistentes y sustentables ante fenómenos naturales.

A través de sus palabras, nos adentramos a una perspectiva que se enfoca en la integración.

“Necesitamos un método integral para estas cosas”, dice Baxter, quien nos comparte que el movimiento de resiliencia ha llegado a permitir que diversas disciplinas, como la ciencia y la arquitectura, trabajen juntas para proponer y hacer cambios en las políticas públicas.

Sin embargo, el cambio no ha llegado solamente a Nueva Zelandia a través de sus legislaciones,  la tecnología también ha sido una herramienta que ha permitido a las personas unirse en momentos de necesidad.

“Con la tecnología de ahora, tenemos una comunidad conectada y estas comunidades muchas veces logran ir más allá de las políticas locales. Por ejemplo, algo increíble sucedió al sur de Nueva Zelandia, seguido de los sismos que se presentaron en Christchurch; crearon algo llamado el Ejército estudiantil y fue organizado casi completamente por medio de redes sociales.” Derek Baxter se refiere al increíble movimiento que nació de una página de Facebook y ha trabajado junto a la Universidad de Canterbury, para brindar apoyo tras los sismos en esa localidad.

Estos lazos que se han formado a través de la tecnología también se pueden ver entre naciones.  “El año pasado, un equipo de académicos de Nueva Zelandia vino a la Ciudad de México poco después del sismo del 19 de septiembre. De igual modo, vino un equipo de Japón que ha visitado también Nueva Zelandia. Se ha visto mucha participación y es interesante que viene de la comunidad académica.”

Al hablar de proyectos futuros entre México y Nueva Zelandia, Derek también nos comparte que tanto Wellington como la Ciudad de México pertenecen al programa de “100 Ciudades Resilientes”  de la Fundación Rockefeller, el cual ha permitido comunicación entre sus miembros con el fin de buscar soluciones y trabajar en equipo para “construir mejores ciudades”.   

“La gran semejanza que tenemos es la consistencia del suelo. La ciudad de Wellington también tiene suelos blandos como la Ciudad de México. Son muy similares técnicamente, así que hay una gran conexión entre la arquitectura geo-tecnológica  y la arquitectura sísmica [construcciones con estructuras sismo-resistentes]. En algunas cosas, Nueva Zelandia tiene el liderazgo. En otras cosas, la Ciudad de México está liderando, así que permite un buen intercambio de información para ambas partes.”

El hecho de que las dos ciudades comparten retos similares se presenta entonces como algo positivo que puede permitir conexión entre naciones, para aprender las unas de las otras.

Otra área en la que Wellington y la Ciudad de México se asemejan es en la arquitectura histórica y la arquitectura vieja. Tener que analizar y enfrentar la necesidad de definir bien entre ambas se ha vuelto una prioridad.

“Existen grandes debates acerca de las construcciones históricas/antiguas y los viejos edificios. Así que tenemos la labor de elegir cuáles son los edificios históricos, o en el caso de la Ciudad de México, el Centro Histórico, que vamos a valorar y proteger, pero algunos edificios simplemente son viejos y peligrosos. Así que tenemos que tomar la difícil  decisión de que quizá esos edificios se tienen que demoler.”

Por medio de debates y legislaciones, es necesario subir el estándar de construcción, para estar lo mejor preparados en el caso de desastres naturales, como los sismos, y permitir que las personas tomen mejores decisiones. Esto es algo que también afecta al sector económico, pero como diría un experto, al final y al cabo se trata de preguntarnos “Dentro de una comunidad, ¿qué valoramos y qué tanto podemos financiar? Un edificio existe para las personas. Todo empieza y termina con las personas”, nos dice Derek.

Miembro del Earthquake Recovery Team (Equipo de recuperación sísmica) del Ayuntamiento de Wellington, Baxter vivió y presenció de cerca los efectos de un sismo en la comunidad.

“Uno de los grandes retos es que el tiempo hace que la gente olvide rápidamente. Cuando acaba de suceder un desastre, todo el mundo quiere cooperar y trabajar en equipo, pero después de un rato, la gente olvida y se dedica a la siguiente cosa en su vida. Necesitamos asegurarnos que la conexión, la cooperación y colaboración que nace después de un suceso, perdure.”

Así que la integración no solamente se debe ver en la arquitectura y la legislación, sino también en la comunidad; debemos unirnos, sobre todo para estar preparados en el caso de desastres naturales, como los sismos.

“Necesitas conocer a tus vecinos. Muchos estudios internacionales dicen que la persona más probable a salvarte en la primera hora, tras un desastre natural, es tu vecino. Y cuando hablo de vecino no me refiero necesariamente a la persona que vive al lado tuyo, puede ser tu compañero de trabajo o el negocio de al lado. Cuando vivíamos en aldeas, todos se conocían. Ahora vivimos en ciudades y ese ya no es el caso.”

La realidad es que aunque estamos conectados a través de la tecnología, a veces olvidamos la importancia de la conexión humana. En nuestra rápida y estresante vida urbana, la integración puede ser la clave, no sólo para crear grandes cambios y construir ciudades más resilientes, sino también para nosotros como comunidades. Así que, para decirlo de forma clara y concreta, como diría Derek Baxter, “Necesitamos ser una ciudad de aldeas”.

 

                                                                                                                                                         


Tags: