La importancia estratégica de Latinoamérica

Discurso pronunciado por el Muy Honorable Winston Peters en la Feria de Innovación de Nueva Zelanda, Brasilia, Brasil, el 5 de marzo de 2026.

Secretario Ejecutivo y Viceministro Elias, excelencias, distinguidos invitados, tēnā koutou katoa, boa noite, buenas noches.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a la delegación política bipartidista de alto nivel de Nueva Zelanda que se une a esta misión:

  • La Honorable Sra. Carmel Sepuloni, vicepresidenta de la oposición
  • La Honorable Sra. Nicole McKee, Ministra de Justicia
  • El Honorable Sr. Damien O’Connor, portavoz de la oposición en materia de comercio
  • El Sr. Tim van de Molen, presidente de la Comisión Especial de Asuntos Exteriores, Defensa y Comercio

También nos acompañan diversas empresas neozelandesas que operan en Brasil. Algunos de sus altos representantes han viajado con nosotros desde Nueva Zelanda, otros residen aquí en Brasil y unos pocos han venido desde otras partes de Latinoamérica. Aportan soluciones innovadoras a sectores esenciales de Brasil: soluciones para infraestructura, energía y recursos, salud, defensa y agricultura.

Todas estas empresas tienen un denominador común: la reputación de Nueva Zelanda en materia de innovación, soluciones prácticas y calidad de primer nivel.

Por ello, es un gran placer inaugurar oficialmente esta Muestra de Innovación de Nueva Zelanda.

Es maravilloso estar de vuelta en Brasil. Los neozelandeses admiramos a su país desde hace mucho tiempo. Para nosotros, allá en el extremo sur del Pacífico sudoccidental, justo al norte de los pingüinos, Brasil siempre ha cautivado nuestra imaginación. El imponente Amazonas, los pulmones del mundo, su gran río, y bajo su vasta cubierta forestal, la mayor biodiversidad de todo el planeta. Admiramos el ritmo vibrante y el estilo de su gente y, por supuesto, la magnífica historia de su selección de fútbol.

La primera selección neozelandesa de fútbol que se clasificó para el Mundial fue en 1982, después de que nuestro equipo superara 15 agotadores partidos solo para clasificarse para el principal evento deportivo del mundo. Cuando se dio a conocer el sorteo, con Brasil en nuestro grupo, todos nos preguntábamos cómo podría nuestro equipo aspirar a competir contra una selección brasileña que contaba con jugadores brillantes y de talla mundial como Éder, Falcao, Júnior, Sócrates y Zico.

Bueno, ese día se mostraron muy respetuosos con Nueva Zelanda, ya que solo nos marcaron cuatro goles, por lo que seguimos estando agradecidos. Tal era la euforia que sentían los neozelandeses por estar siquiera en el mismo campo que su selección, que el principal periódico de nuestra capital declaró tras la gran derrota que “¡Hace cuatro años habría sido 20-0!”.

En 1982 ustedes fueron el mejor equipo del torneo, pero no ganaron. Los neozelandeses comprendimos su dolor 13 años después, cuando un gran equipo de rugby de los All Blacks, el que mejor rendimiento tuvo en la Copa del Mundo de Rugby de 1995, tropezó en el último obstáculo. Ese día comprendimos cómo se sintieron los brasileños en 1982.

También fue un honor conocer a Pelé en 2006, por invitación de la FIFA con motivo de la final del Mundial de ese año en Berlín. Pelé llegó a definir el fútbol brasileño gracias a su habilidad extraordinaria, la libertad y la emoción con las que jugaba, su resistencia y determinación a lo largo de su extensa carrera, y la forma en que se comportaba sobre el terreno de juego con una elegancia que solo los más dotados pueden alcanzar.

Ahora nos gustaría centrar nuestra atención en otro tema importante para todos los aquí presentes: las relaciones de Nueva Zelanda con Latinoamérica.

Aunque un vasto océano y los imponentes Andes separan a Nueva Zelanda de Brasil, compartimos valores importantes: el compromiso con la democracia, el estado de derecho internacional, el multilateralismo y la visión de crear, por imperfecto que sea, un futuro que sustente y satisfaga las necesidades materiales de nuestros hijos y nietos, y cuyo medioambiente y clima se protejan con un serio deber de cuidado. Brasil ha demostrado este deber de cuidado durante su reciente e impresionante organización de la COP 30.

El 2026 marca el 25.º aniversario de la creación de la Embajada de Nueva Zelanda aquí en Brasilia, y el 62.º aniversario de nuestras relaciones diplomáticas.

Desde que asumimos el cargo, hemos llevado a cabo una diplomacia muy activa, centrándonos especialmente en nuestra propia región, el Pacífico, y en el sur y el sudeste asiático. Creemos que ha llegado el momento de aprovechar nuestra trayectoria en Sudamérica para reforzar nuestras relaciones diplomáticas y económicas con su continente.

Lo hacemos porque quienes tenemos una historia común, compartimos las mismas convicciones y poseemos los mismos valores fundamentales, debemos fortalecer nuestros lazos mientras trabajamos para proteger las instituciones que, a pesar de todas sus imperfecciones, han contribuido a mantener la paz mundial durante 80 años. Venimos como amigos con el deseo de hablar sobre el trabajo que nos espera.

Por eso también estamos aquí, como delegación multipartidista, junto con nuestra delegación empresarial, para dejar lo más claro posible que el fortalecimiento de nuestras relaciones con Brasil y con sus vecinos latinoamericanos es un objetivo compartido por todos los sectores del arco político neozelandés.

Este compromiso no se ha asumido a la ligera, ni es meramente una respuesta a las perturbaciones regionales y globales a las que nos enfrentamos actualmente. Es un reconocimiento por parte de Nueva Zelanda de que no hemos hecho lo suficiente en las últimas décadas para fortalecer nuestras relaciones, y estamos decididos no solo a mejorarlas, sino a transformarlas.

Eso llevará tiempo, y esto es solo el comienzo, pero estamos decididos a actuar con rapidez a medida que identifiquemos aquellas áreas en las que nuestros ciudadanos puedan beneficiarse mutuamente de una mayor colaboración y asociación entre nuestros gobiernos y empresas.

Consideramos que Latinoamérica es un socio importante a la hora de abordar los principales retos globales, entre ellos el fomento de la resiliencia climática y el refuerzo de la seguridad alimentaria y energética.

También compartimos una profunda preocupación por la amenaza siempre presente y en rápido crecimiento de la delincuencia organizada transnacional. Compartimos asimismo la urgente necesidad de proteger y promover un multilateralismo y una arquitectura comercial que sean eficaces y basados en normas.

En pocas palabras, Nueva Zelanda no puede tener la expectativa de poder impulsar iniciativas en la arena internacional sin la cooperación de Latinoamérica, ya sea en las Naciones Unidas, el Sistema del Tratado Antártico, la APEC o en materia de comercio. Su región es de enorme importancia para nosotros.

Como solemos decir, seguir fortaleciendo nuestras relaciones con la región es una decisión estratégica para Nueva Zelanda. Por eso contamos con una amplia red de misiones diplomáticas distribuidas por toda la región y por eso hemos celebrado una serie de consultas sobre política exterior a lo largo del último año. Nuestras alianzas con Latinoamérica son importantes.

Y esta es también la razón por la que consideramos importante emprender esta excepcional misión interparlamentaria, empresarial y cultural a la región. En un entorno geoestratégico que cambia rápidamente y que plantea enormes desafíos, profundizar nuestro compromiso con Latinoamérica es fundamental para alcanzar nuestros objetivos duraderos de garantizar:

Un futuro sostenible, un futuro próspero y resiliente, y un futuro estable, seguro y justo —para su pueblo y el nuestro—.

Un futuro sostenible

Recordamos nuestra primera visita a Brasilia hace ya casi 20 años, cuando yo era ministro de Asuntos Exteriores y el presidente Lula estaba al frente de su país. En aquel entonces hablamos de cómo Brasil se estaba convirtiendo en una superpotencia política. Hoy en día, Brasil es considerado un líder en el ámbito multilateral, en un momento de profundos cambios y retos geopolíticos.

El papel de Brasil como anfitrión de la COP30 y del G20 pone de manifiesto la capacidad de su país para salvar divisiones y fomentar el diálogo entre socios diversos, grandes y pequeños. Brasil puede sentirse orgulloso de demostrar su compromiso con soluciones inclusivas y con visión de futuro en materia de resiliencia climática, gobernanza económica y seguridad global.

En nuestras reuniones aquí, con el ministro Vieria, el embajador Amorim y el viceministro Elias, coincidimos en que esto es algo que todos debemos hacer si queremos defender y promover con éxito el orden internacional basado en normas del que dependen nuestra seguridad y prosperidad comunes.

En una época en la que es cada vez más difícil alcanzar el consenso, la capacidad de reunir, liderar e inspirar la colaboración es indispensable. Hemos venido diciendo en foros multilaterales y bilaterales que la diplomacia nunca ha sido tan necesaria como ahora. Necesitamos hablar más, escuchar más, incluso a aquellos con quienes quizá no estemos de acuerdo. Pero a partir de una mayor diplomacia y de una mayor escucha de otras perspectivas, vemos un camino hacia un mayor entendimiento entre las naciones.

Nuestra estancia aquí en Brasilia estuvo precedida de visitas a Buenos Aires y Montevideo, donde también mantuvimos conversaciones con el presidente Milei y el presidente Orsi sobre la importancia fundamental, e incluso la necesidad, de impulsar la cooperación mundial y la creación de coaliciones eficaces con nuestros socios latinoamericanos y de otros países.

Nuestro interés común por preservar la Antártida como zona de paz y ciencia fue un tema clave, tras la celebración en Nueva Zelanda, a finales del año pasado, de una Asamblea Parlamentaria Antártica. Era la primera vez que la asamblea se celebraba en el hemisferio sur, y nos emocionó poder atraer a parlamentarios de toda Latinoamérica, incluidos Argentina y Uruguay.

Aunque el Tratado Antártico lleva casi siete décadas manteniendo la paz y promoviendo la colaboración científica, la región no es inmune a los efectos del panorama geopolítico. Proteger la Antártida es tan importante para nosotros como lo es para ustedes proteger su vasta selva tropical, ya que ambas cosas tienen repercusiones en la salud de nuestro clima global.

Debemos trabajar juntos para garantizar la protección a largo plazo de la Antártida como reserva natural dedicada a la paz y la ciencia, que respalda nuestra seguridad y prosperidad comunes. Por ello, nos complació especialmente firmar un nuevo Acuerdo de Cooperación Antártica con Uruguay durante nuestra estancia en Montevideo, y evaluar el estado del acuerdo que mantenemos con Argentina durante nuestra visita a Buenos Aires.

Chile, donde nos dirigiremos a continuación, es también una nación de acceso a la Antártida y un socio cercano en lo que respecta a su protección, así como a la de nuestros océanos compartidos; de hecho, fue en la “Conferencia sobre nuestros océanos” de las Naciones Unidas donde nos reunimos por última vez con nuestro homólogo, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile.

La relación de Nueva Zelanda con Chile es estrecha y de larga data. El año pasado celebramos el 80.º aniversario de nuestras relaciones diplomáticas. Se trata de una relación que se selló allá por 1945, cuando ambos países éramos orgullosos miembros fundadores de las Naciones Unidas, una institución en la que hemos trabajado durante mucho tiempo y muy estrechamente con socios latinoamericanos. Y seguiremos haciéndolo.

En nuestras intervenciones ante las Naciones Unidas hemos destacado que el sistema de las Naciones Unidas se enfrenta a desafíos sin precedentes que se han ido acumulando con el paso del tiempo. Hemos instado a los dirigentes y a los miembros de las Naciones Unidas a que trabajen con determinación para llevar a cabo reformas, necesarias y largamente esperadas, que contribuyan a reducir las vulnerabilidades a las que se enfrenta actualmente la ONU. Hacer más con menos y ser eficaces, centrándose en su objetivo fundamental para mejorar su impacto y su actuación.

El próximo secretario general de la ONU desempeñará un papel fundamental en el impulso de este proceso de reforma de vital importancia.

Nueva Zelanda ya está apoyando ese esfuerzo a través de su coliderazgo en la revisión del mandato de las Naciones Unidas, y trabajaremos en estrecha colaboración con los países latinoamericanos para garantizar que este aspecto de la reforma de las Naciones Unidas sea adecuado para su propósito durante otros 80 años.

Otro éxito clave de nuestras alianzas con Latinoamérica ha sido posicionarnos a la vanguardia del desarrollo de una arquitectura comercial innovadora y centrada en el futuro. El Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, según su sigla en inglés) es un gran ejemplo de ello. A principios de la década de 2000, Chile y Nueva Zelanda lideraron la creación del Acuerdo P4, un convenio integral y de alta calidad. Posteriormente se amplió para convertirse en el Acuerdo de Asociación Transpacífico (con la incorporación de México y Perú), y más tarde se transformó en lo que hoy tiene alcance e influencia a nivel mundial, con la adhesión del Reino Unido y otros países —entre ellos Costa Rica, Uruguay y Ecuador— que desean hacerlo.

El liderazgo innovador en materia de normas comerciales otorga a las naciones comerciales pequeñas y medianas, como Nueva Zelanda y muchos de nuestros socios latinoamericanos, una voz más amplia e influyente a la hora de configurar el entorno comercial internacional del que todos dependemos.

Junto con el CPTPP, hemos colaborado con éxito en una serie de acuerdos comerciales modernos. La última iniciativa es la innovadora Asociación para el Futuro de las Inversiones, que tuvimos el placer de poner en marcha el año pasado junto con diversos socios, entre ellos Chile, México, Uruguay, Paraguay y Perú.

En un momento en que el sistema internacional basado en normas se enfrenta a múltiples desafíos, el comercio abierto y basado en normas es más importante que nunca, ya sea a través del CPTPP, el Mercosur u otras plataformas como la Alianza del Pacífico —a la que Nueva Zelanda sigue deseando adherirse como miembro asociado cuando sea oportuno—. El comercio abierto y basado en normas es fundamental para nuestra prosperidad futura compartida.

Un futuro próspero y resiliente

Hay mucho más que deberíamos hacer para fomentar nuestra prosperidad compartida. Para Nueva Zelanda, Latinoamérica sigue siendo una región con un importante potencial comercial sin explotar en la que podemos y queremos hacer más, incluso en lo que respecta a la diversificación de nuestra base comercial.

América Latina representa la cuarta economía más grande del mundo —6,34 billones de dólares estadounidenses—, casi el doble que la de la India. Latinoamérica alberga a 660 millones de personas con altos niveles de educación, amplias clases medias, una considerable población joven y abundantes recursos naturales.

De hecho, alberga la mitad de la biodiversidad mundial, una cuarta parte de sus bosques y una parte sustancial de los minerales esenciales para la doble transición digital y hacia una economía baja en carbono. El mero tamaño y los recursos de la región ofrecen importantes oportunidades para las empresas neozelandesas que buscan diversificarse más allá de la región indopacífica y los mercados tradicionales.

El Gobierno de Nueva Zelanda se ha fijado el objetivo de duplicar el valor de sus exportaciones para 2034. Por eso nos acompaña en esta misión a Latinoamérica una delegación de líderes empresariales neozelandeses. Nuestra estancia aquí también coincide con la exitosa misión de nuestro Ministro de Comercio a San Pablo en octubre de 2024, que nos permitió lograr un aumento del comercio de 100 millones de dólares gracias a los 13 acuerdos firmados. Estos abarcaron una amplia gama de sectores, entre ellos la tecnología, la salud y la fabricación avanzada, lo que puso de manifiesto la diversidad de la oferta de Nueva Zelanda y el creciente interés regional por la experiencia neozelandesa.

Aquí, en Brasil, nuestro volumen de comercio no es enorme, pero es nuevo y prometedor. Esto se debe a que, en Brasil, Nueva Zelanda no es conocida como una fuente de materias primas a gran escala, sino como un exportador de tecnología de alta calidad que participa con éxito en áreas en las que podemos aportar un valor agregado real, aumentando la productividad, la eficiencia y la rentabilidad de nuestros clientes y socios brasileños.

Y esto me lleva al tema de la Muestra de Innovación que nos ocupa hoy: “Accelerate Brazil”, centrada en impulsar las oportunidades comerciales a través de una mayor participación en el sector tecnológico.

Entre los casos de éxito que se presentan hoy aquí se encuentra Tait Communications. Tait entró en el mercado brasileño allá por 2006 y, desde entonces, se ha convertido en un actor regional de peso que está disputando cuota de mercado a grandes empresas con sede en Estados Unidos, como Motorola, para ofrecer soluciones de comunicación y seguridad en los sectores minero y de defensa. A lo largo de los años, el negocio de Tait ha experimentado un notable crecimiento y ha convertido su sede aquí en Brasil en un centro regional para sus operaciones en Sudamérica.

Como demuestran algunas de las empresas que nos acompañan hoy, entre ellas Livestock Improvement Corporation y Gallaghers, creemos que también existe una gran oportunidad para una mayor implicación en el sector de la tecnología agrícola. Aunque anteriormente se consideraba a Nueva Zelanda como un competidor, parece existir una creciente conciencia del valor de colaborar con nosotros en el sector agrícola, algo que se ve respaldado por el historial de Nueva Zelanda en la mejora de la productividad y la sostenibilidad de los pequeños, medianos y grandes productores lácteos de la región.

Por ejemplo, allá por 2007, cuando visitamos el país por última vez, Nueva Zelanda también realizó su primera inversión en la granja lechera del Grupo Kiwi, en el estado de Goiás. Desde entonces, la explotación no ha dejado de crecer, demostrando cómo los sistemas de producción sostenibles neozelandeses basados en pasturas pueden adaptarse a las condiciones climáticas de Brasil, y con gran éxito. La granja es ahora la mayor productora de leche del estado y en breve inaugurará una nueva y moderna explotación.

Existen también otras historias similares de colaboración agrícola entre Kiwi y Brasil, incluso en Bahía. Esperamos poder hacer mucho más con Brasil y otros socios de la región en el sector agrícola y otros ámbitos, a medida que se vayan conociendo mejor las ventajas de los productos y sistemas de tecnología agrícola de Nueva Zelanda.

Como se ha demostrado en esta muestra, Nueva Zelanda está bien posicionada para ofrecer una amplia gama de soluciones específicas e inteligentes que permiten aumentar la productividad y la eficiencia y, por lo tanto, el desarrollo económico, en sectores de importancia estratégica en toda la región, como las soluciones de servicios impulsadas por la tecnología que apoyan la agricultura de exportación, la industria minera y otros sectores, entre ellos las tecnologías de la información, el comercio minorista, la salud y el cine.

En el ámbito cinematográfico, ayer firmamos con el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil un Acuerdo de Coproducción Audiovisual entre Brasil y Nueva Zelanda, que se ajusta a la estrategia económica “Going for Growth” de nuestro Gobierno. Este acuerdo permite que los proyectos cinematográficos y televisivos aprobados obtengan la condición de coproducciones oficiales, lo que les da derecho a los beneficios concedidos a las producciones nacionales en cada uno de los países coproductores. Los acuerdos de coproducción de Nueva Zelanda con socios de todo el mundo han reportado beneficios tangibles a nuestra industria cinematográfica local, y tenemos todas las expectativas de que así será también en este caso.

De hecho, esta noche nos complace contar con la presencia de un ejemplo de lo que se puede lograr en este ámbito: David Schurmann, un neozelandés de origen brasileño que produjo y dirigió la película Little Secret, una película que Brasil presentó en la categoría de lengua extranjera de los Óscar en 2016.

Nueva Zelanda está decidida a garantizar que la aplicación del acuerdo sea un éxito, y LANZBC —que nos acompaña en esta misión— organizará en breve un seminario web sobre cine, junto con la Comisión de Cine de Nueva Zelanda y la ANCINE de Brasil.

También nos complació firmar ayer un acuerdo de cooperación educativa renovado con Brasil. La educación y la investigación han sido desde hace tiempo un pilar importante de nuestra relación con Brasil y con la región en general. Las ocho universidades de Nueva Zelanda figuran entre el dos por ciento de las mejores del mundo y, antes del COVID, acogíamos cada año a unos 25.000 estudiantes de la región para que continuaran su formación y sus investigaciones.

Si bien esas cifras aún se están recuperando, estamos muy interesados en que este intercambio vital de nuestros jóvenes más brillantes y prometedores siga creciendo.

Un futuro estable, seguro y justo 

Más allá de nuestras relaciones diplomáticas y económicas, consideramos importante reforzar nuestros vínculos con los socios latinoamericanos para contribuir a proteger y promover la seguridad nacional, regional e internacional. En conjunto, nos enfrentamos al entorno estratégico más desafiante de los últimos 80 años. La competencia geoestratégica, los conflictos armados y la inestabilidad que estos provocan, así como la delincuencia organizada transnacional, están en aumento. Ninguna región es inmune, aunque tampoco ha habido nunca una mayor conciencia de lo interconectadas que están nuestras regiones.

En este contexto, es fundamental que contribuyamos activamente y trabajemos juntos en pro de la consolidación de la paz y la seguridad mundiales. Y contamos con un historial de haberlo hecho en el pasado: desde la Segunda Guerra Mundial, donde las “Serpientes Fumadoras” de Brasil lucharon valientemente en Monte Castello, en el norte de Italia, mientras que las tropas neozelandesas hicieron lo mismo en Monte Cassino, en el sur; hasta hoy, donde tenemos unidades que colaboran en misiones de mantenimiento de la paz actuales, como con Uruguay y Colombia, y en la Fuerza Multinacional y Observadores en el Sinaí.

Nueva Zelanda insta a que se respeten la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho en Venezuela, y a que se ponga en libertad a todos los presos políticos y demás personas detenidas arbitrariamente. El pueblo de Venezuela debe decidir el futuro político de su país.

Asimismo, hemos sido firmes defensores del acuerdo de paz de Colombia de 2016. Mientras Nueva Zelanda ocupaba la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, copatrocinamos la resolución 2261, que estableció una misión política de la ONU para supervisar y verificar el alto el fuego bilateral entre el Gobierno colombiano y las FARC. A esto le ha seguido el apoyo de Nueva Zelanda a los esfuerzos de desminado posconflicto, incluida una contribución realizada el año pasado al Fondo Fiduciario de múltiples socios de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en Colombia, centrado también en los esfuerzos de desminado.

Más recientemente, el Gobierno de Nueva Zelanda acordó un plan integral para desarticular y prevenir las exportaciones de drogas a Nueva Zelanda y a las islas del Pacífico, ya que estas islas son vulnerables al terrible flagelo de las drogas. Hemos establecido nuevos puestos de enlace en el extranjero para aumentar la colaboración con nuestros socios internacionales, porque es una batalla que no podemos permitirnos perder.

Los países de Latinoamérica comparten nuestras preocupaciones sobre la delincuencia organizada transnacional y son socios clave en la lucha contra ella. Nos complace anunciar que uno de esos nuevos puestos de enlace en el extranjero tendrá su sede en Bogotá, con competencias regionales, y trabajará en colaboración con la Policía Federal Australiana y de forma integrada con la Policía Nacional de Colombia.

Un futuro global positivo requiere una América Latina que sea segura, activa y próspera, y esperamos reforzar nuestra colaboración con Brasil y otros socios de la región en estas importantes cuestiones.

Conclusiones 

El objetivo principal de nuestra misión es reforzar, tanto a nivel bilateral como en toda la región, la importancia que concedemos a nuestras alianzas con Latinoamérica. Ningún país ni región puede, por sí solo, abordar de manera satisfactoria o sostenible los múltiples retos a los que nos enfrentamos hoy en día. Debemos esforzarnos por colaborar más en los ámbitos político y comercial, así como a través de los vínculos entre los pueblos.

De hecho, promover nuestros crecientes vínculos entre los pueblos sigue siendo una de las mejores formas de profundizar y ampliar nuestra colaboración. En ese sentido, Nueva Zelanda se complació en apoyar la puesta en marcha de la nueva ruta aérea entre Auckland y Buenos Aires, y esperamos que en el futuro sean posibles más conexiones directas de este tipo.

En los últimos 25 años hemos asistido al grato surgimiento de una comunidad latinoamericana en Nueva Zelanda que no deja de crecer. Actualmente supera los 38.000 miembros y su contribución a la
vitalidad y el valor de nuestro país es enorme. Se ha ayudado a muchos miles de personas a conocer Nueva Zelanda a través de nuestros programas de vacaciones de trabajo con Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay, que gozan de una inmensa popularidad. Quizás a algunos de sus futbolistas también podría gustarles sumarse a ellos.

Animamos asimismo a los jóvenes neozelandeses a que aprovechen la oportunidad de viajar entre nuestros países y forjar experiencias y vínculos para toda la vida, lo que a su vez reforzará nuestros lazos.

Muito obrigado, 
muchas gracias,
thank you and kia ora mai tātou.

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